China ajusta sus velas: objetivo de crecimiento más bajo en 35 años
Pekín redefine prioridades ante crisis interna y tormentas externas

Redacción · Más España


China ha reducido su objetivo anual de crecimiento económico a un rango de entre el 4,5% y el 5%, la meta más baja desde 1991. No es una ocurrencia: es el gesto de un Estado que reconoce que el rumbo debe ajustarse ante dificultades profundas y conectadas.
La decisión se hizo pública en las llamadas "dos sesiones", donde también se presentaron los primeros detalles del nuevo Plan Quinquenal. El diagnóstico que emana de Pekín es claro en lo formal: hay que reestructurar la economía. En la práctica, eso se traduce en un paquete de prioridades que pone el acento en la innovación, las industrias de alta tecnología, la investigación científica y el impulso del consumo interno.
El informe del primer ministro Li Qiang anuncia más de cien proyectos estratégicos para los próximos cinco años, con especial atención a la ciencia, la tecnología, el transporte y la energía. China aspira además a desplegar herramientas de inteligencia artificial en sectores clave y a liderar la transición hacia una economía de menor carbono.
Pero no hay medida aislada que tape la realidad: la desaceleración responde a males estructurales. El bajo consumo interno, la crisis prolongada del sector inmobiliario —un motor histórico de crecimiento y fuente de ingresos para gobiernos locales— y el envejecimiento de la población son lastres que complican cualquier ambición expansiva.
A ello se suman factores externos que agravan el panorama. Las tensiones comerciales globales y la crisis energética derivada del conflicto entre EE. UU., Israel e Irán introducen condiciones adversas que Pekín debe gestionar mientras trata de modernizar sus industrias y reducir la dependencia de las exportaciones.
El propio tono del nuevo objetivo refleja pragmatismo: analistas citados por la prensa apuntan que un objetivo más moderado da a las autoridades margen para gestionar sin compromisos fiscales extremos. Más de dos tercios de las provincias han moderado sus expectativas, traduciendo el realismo central en adaptaciones territoriales.
El Plan Quinquenal busca también responder a problemas sociales: promover una "sociedad favorable al parto" y atender empleo, educación y salud en un país que enfrenta el descenso de las tasas de natalidad. Pero las medidas son de alcance y de largo aliento; los desafíos son complejos e interrelacionados y tardarán en resolverse.
En suma, Pekín ha optado por bajar el listón público del crecimiento y elevar la apuesta por la transformación económica: innovación, tecnología, energía limpia y estímulo del consumo doméstico. Es un cambio de rumbo que admite la gravedad de las vulnerabilidades internas y la inestabilidad externa, y que plantea una pregunta inmediata: si la máquina económica más grande trasvuena sus engranajes, sus decisiones tendrán repercusiones no solo para China, sino para la economía global.
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