Marlaska recambia la cúpula para coser la Policía herida
Santafé asume como DAO tras la dimisión por un escándalo que desnuda fallos institucionales

Redacción · Más España
El Gobierno ha decidido mover ficha con rapidez. Fernando Grande‑Marlaska ha designado al comisario principal José Luis Santafé Arnedo como director adjunto operativo (DAO) de la Policía Nacional, en sustitución de José Ángel González Jiménez, que dimitió el 17 de febrero tras conocerse la querella presentada contra él por una subordinada que le acusa de haberla agredido sexualmente en abril de 2025.
La elección llega en plena crisis de imagen del Ministerio del Interior: no solo la denuncia que provocó la marcha forzada del anterior DAO, sino también los audios sobre el supuesto acoso de otro alto mando en la embajada española en Nueva Delhi, materia de investigación en la Audiencia Nacional, han abierto una brecha profunda en la institución.
Santafé, de 60 años y hasta ahora jefe superior en Baleares, tomará posesión la próxima semana. Su nombramiento sorprendió a muchos en la Policía, porque en los días posteriores a la dimisión había cobrado fuerza la expectativa —por la carga simbólica del caso— de que, por primera vez, se optara por una mujer para el puesto. El nombre de Santafé no figuraba entre las quinielas públicas; era uno de los 111 comisarios principales que podían presentarse.
Interior arguye que ha pesado la "buena imagen" que Santafé proyecta dentro del cuerpo y su carrera mayormente desarrollada fuera del núcleo de poder de Madrid. Su trayectoria ha pasado por puestos de seguridad ciudadana, policía judicial y extranjería en Madrid e Illes Balears, con destinos también en Canarias. Entró en la Policía en 1990, fue inspector jefe en 2005 y comisario en 2012. En Baleares cultivó la cercanía con la actual secretaria de Estado de Seguridad, Aina Calvo, cuya estimación pública hacia él ha sido notoria según la información oficial y fuentes consultadas.
La asignación de Santafé responde, en palabras oficiales y en la lectura de sindicatos, a la necesidad de levantar la moral de los más de 74.000 agentes y de restituir la imagen de una institución muy tocada. Agentes que han trabajado con él subrayan su conocimiento operativo de "la calle y la delincuencia", así como su capacidad gestora y su trato cercano con subordinados. Los sindicatos policiales han celebrado el nombramiento en comunicados.
El reto que afronta el nuevo DAO es claro y acuciante: recomponer la confianza interna y externa sin prometer atajos. La política de nombramientos y la gestión de las crisis internas estarán ahora bajo escrutinio público y profesional. La decisión del ministro, tomada horas después del cierre del plazo de candidaturas, busca cerrar una herida abierta; el tiempo dirá si basta para coser la reputación del cuerpo o si exigirá reformas más profundas para que la seguridad recupere también la honorabilidad que la sociedad reclama.
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