March 29, 2020

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¿Qué interesa a España?

 

En el último quinquenio, con el gobierno del PP se ha ido consolidando, a pesar de la pasada crisis, una etapa política que favorece la consolidación económica, su estabilidad, y la confianza y crédito de las instituciones españolas. En el exterior, en el ámbito europeo y otros continentes, el prestigio de la Marca España representa hoy un gran valor.

 

Y al frente de ese plan de buena imagen de España ha estado y permanece, con firmeza, un ciudadano con nombre propio, llamado Mariano Rajoy Brey. Por esa razón su persona merece, como representante de España, representándonos a todos, un trato de profundo respeto agradecido.

 

Aunque hiciéramos abstracción de su nombre propio, el actual Jefe del Gobierno de España, sin concesión de privilegios, conlleva la necesidad de un trato exquisito, se llame como se llame, y pertenezca a un partido o a otro.

 

Prohombres y mujeres ilustres que representan dignamente a España, y muchas veces con valor de icono mundial, merecen la máxima consideración, respeto y admiración. Y nos indigna que, dentro o fuera de nuestras fronteras, se les menosprecie o se les retire el buen trato. Baste recordar el caso de Rafa Nadal, “ídolo” de todos por ser gran jugador de tenis y, además, buena persona, muy competitivo y muy amable. Cuando Nadal fue injuriado por la ex-ministra de Sanidad y Deporte de Francia, Roselyne Bachelot, la gente de bien española, y no sólo la española, se puso de su lado, defendiendo su honor moral y su honra deportiva.

 

El ciudadano Mariano Rajoy Brey, llamado como testigo a declarar en un caso de corrupción surgido dentro de su partido, ha manifestado, con buen criterio y talante temperado: “Estoy a lo que dispongan los Tribunales”. En el caso, el tribunal, por mayoría de sus miembros magistrados, aunque desequilibrado en el ajuste de su criterio, desoyendo las propuestas de su propio Presidente, de la Fiscalía y de la Abogacía del Estado, ha decidido convocar al ciudadano, con rango de Presidente del Gobierno, a hacer declaración presencial ante el Tribunal de la Audiencia Nacional, sentándolo en el banquillo, exponiéndolo a la crítica severa de los medios, y azuzándolo a la rabia acerada y cortante de las formaciones populistas radicales.

 

Conocida la fecha, ya empieza a organizarse la infantería de Podemos y otros antisistema, que preparan “el parto de los montes” contra Rajoy: sus “recortes”, su “miseria”, su “corrupción”… El despliegue tumultuario de secuaces, llegados de todo el territorio, en busespray vocingleros, que chillarán: “¡Rajoy al paredón, no tienes perdón!”. Es la consigna pactada, que ya circula por las esquinas.

 

La culpa de esa situación tan ridícula se debe al ejercicio malsano de un poder del Estado, el desautorizado “Poder Judicial”, muchos de cuyos miembros vienen operando con sentido de división, enfrentados en sus resoluciones políticas, por motivaciones sectarias, de intereses equívocos; y en este caso con intento, torpe y mezquino, de pretensión de humillar al “Poder Ejecutivo”, que Rajoy representa como “significado testigo”.

 

Olvidan que a España, el “bien común”, el “interés general”, no le beneficia la imagen rota, estropeada y vilipendiada del primer ciudadano que nos representa, y que hoy lo hace con notable eficacia.

 

La corrupción, mal generalizado, también y desgraciadamente, ha viciado corporativamente a la clase judicial, el poder llamado a restablecer, con orden y rectitud, la vida sana de la sociedad democrática y el respeto a la ley y a las instituciones.

 

Entre los consejos que Don Quijote daba a Sancho, para que administrara la justicia con sabiduría en la Insula de Barataria, estaba ésta, que los magistrados de hoy han de atender para no caer, como hacen con demasiada frecuencia, en la aplicación de la “Ley del encaje” o sea, el auto o sentencia que el Juez dicta “según lo que él piensa”, sin abstraerse de su circunstancia y prejuicios:

 

“Amigo Sancho: Que no te ciegue la pasión propia en la causa ajena; que los yerros que en la justicia hicieres, las más de las veces no tendrán remedio, y si acaso lo tuvieren, será a costa de tu crédito y aún de tu hacienda”.

 

 

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