¡ARRIBA ESPAÑA!




Ricardo Macías Picavea, un pensador político cántabro del Siglo XIX, preocupado por la regeneración de su patria España, tuvo la feliz ocurrencia de exclamar, en uno de sus libros El problema nacional: hechos, causas y remedios: “¡Sursum corda! ¡Arriba España!”.

Aquel ¡Arriba España! de un republicano progresista, en la línea de Nicolás Salmerón, de Julián Sanz del Rio y Joaquín Costa, crítico del caciquismo y partidario de la desobediencia civil en el caso de leyes políticas traidoras a la patria, hizo bandera de su dicho en la tradición nacionalista, siendo muy citado por la causa españolista, y definitivamente fue recogido por la iniciativa tradicionalista que abrazó José Antonio Primo de Rivera (Falange Española Tradicionalista). Y el lema se sumó a la liturgia del Movimiento Nacional de España en el año 1936.


El origen de la tradición ¡Arriba España! no viene de una marca franquista inventada por la Falange. El lema, evocado por Picavea en el S. XIX, busca su seña simbólica en la compañía del Águila de San Juan, añadida al escudo imperial de los Reyes Católicos de Castilla y Aragón, llevando “más arriba”, en alto vuelo el símbolo de España, conjuntado a las columnas que señalan el “más allá” (Plus Ultra), como elementos conservadores y constructores de una civilización europea, representada por el Imperio Español, la romano-cristiana, entonces en lucha con el enemigo del Sacro Imperio, el Islam conquistador.


Ideas mostrencas, emanadas de la Ley de la Memoria Histórica, vieron en el ¡Arriba España! un símbolo nacional-fascista, a eliminar como seña de identidad de la dictadura de Franco.


El ¡Arriba!, tomado políticamente, es ambiguo y plural. Que lo diga el ex secretario de Podemos, Juan Carlos Monedero, que en un mitin de su partido en apoyo de Syriza, no tuvo inconveniente en gritar: “¡Arriba Grecia!. La izquierda radical podemita y otras izquierdas mentecatas, que apoyan el “derecho a decidir” sobre la unidad de España, propugnando con ello la secesión, consideran el himno “una pachanga”; el águila imperial “un aguilucho”, y la bandera “un trapo” sustituible por la de la República. Y la actual alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena, también partidaria del derecho a decidir, ha decidido, en su ajuste de cuentas justiciero, que se ha de meter la piqueta en el derribo de los nombres de calles y plazas que considera “franquistas”, entre ellas, la Plaza de Arriba España.


El ¡Arriba España! se identifica con el ¡Viva España!, cuando se pronuncia en defensa de la soberanía de la Única nación española. Los separatistas que en Cataluña, ondeando la estelada, gritan Visca Cataluña, también desdeñan la leyenda “Una, Grande y Libre”, también anterior al franquismo, de origen carlista, acuñada en 1932 por Onésimo Redondo, ya que los secesionistas prefieren pronunciar, en lugar de Una, la “Puta España”, “la que nos roba”, olvidando que la mayor putada es la de la insolidaridad de las comunidades ricas con las más pobres de España, pues éstas han contribuido a su riqueza mediante el consumo y la aportación de mano de obra. Y que el “robo a Cataluña” lo es, ante todo, de su clase dirigente, que rapiña el 3, el 5 o el 20 por ciento de la construcción del país para evadirlo a Suiza y otros paraísos fiscales.


Y olvidan también que el catalán Jaime Balmes, defensor de la España Una, afirmaba: “es falso que en España haya fuerzas excéntricas…: unos cuantos hombres que toman en diferentes sentidos el nombre del pueblo… se mancomunan para derribar a los gobiernos siempre que estos no se acomodan a todos sus intereses y caprichos”.


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© 2017 por Javier García Suárez.