March 29, 2020

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ADOLFO SUÁREZ Y LA UNIDAD DE ESPAÑA

 

Adolfo Suárez, el primer Presidente de la democracia española surgida tras la época franquista, fue un defensor entusiasta de la Unidad de España: de sus ciudadanos, de sus territorios y comunidades, de sus culturas diversas.

Para conseguirlo empeñó su visión de estadista, sus capacidades de diálogo, entendimiento y compromiso, sus virtudes de generosidad, coraje y entrega constante a la misión que le confió la Corona, a la que mostró una lealtad absoluta.

Le interesó la Unidad de los españoles, como desiderátum por encima de las tierras: su igualdad y sus derechos, más allá de las divisiones geopolíticas y tradicionales, y lo tradujo en una Constitución hecha por prohombres españoles, empeñados en conformar libertades políticas y recursos sociales que, no siendo uniformes, fueron equitativos en la satisfacción de la misma dignidad de todos, aunque residentes en autonomías de diferente cuño cultural.

Y así buscó el diálogo permanente como instrumento de consenso entre los partidos y con las asambleas autonómicas. Y con la vista puesta en el mantenimiento de la Corona y en el acercamiento a Europa. Y con el diálogo de consenso, Suárez se trató de buscar pactos de convivencia y consolidación de la democracia. Los principales fueron el Pacto constitucional y los denominados Pactos de la Moncloa. El Pacto constitucional produjo la ley básica de convivencia social y política, que ha sido la admiración de muchos países que han intentado seguir el modelo español de Transición, y que ha permanecido sólido durante 36 años, resistiendo los embates del terrorismo y los intentos independentistas, la corrupción política y la derrota jurídica.

El éxito del Pacto constitucional en el Congreso, Suárez lo refrendó con los económicos conseguidos en la Moncloa, que prepararon a España para su integración en Europa. Y Suárez lo hizo posible alcanzando acuerdos y compromisos no solo con los partidos sino con los agentes sociales, Empresarios y Sindicatos, que le apoyaron para un Acuerdo Económico y Social (A.E.S.), lo que significó un periodo de estabilización necesaria para el control de la inflación y la creación de una bolsa de recursos que permitieron crecer la Seguridad Social y las partidas presupuestarias de contenido social (sanidad, educación, desempleo…)

Pero el gran peligro que acechó a Suárez y su equipo de gobierno surgió de las autonomías no consolidadas, cuando cayeron en manos de políticos arribistas, que no aceptaron la formula equitativa del “café para todos”, y pusieron en marcha los demonios del terrorismo y el soberanismo añadidos al episodio de golpismo.

Los intentos de romper la unidad política y económica, que abrazaban los derechos y las libertades de todos los españoles en un proyecto común de solidaridad nacional, el Presidente Suárez hubo de afrontarlos con las decisiones más valientes, ancladas en sus firmes convicciones de amor a España y de lealtad a la Corona.

Cuando en Canarias surgió, de la mano de Cubillo, un conato de independentismo isleño, Suárez cogió un avión y se presentó allí, recorriendo isla por isla, en campaña de españolismo, suscitando gran fervor por la UCD, que allí cuajó como partido sólido.

Frente al golpista Tejero, Suarez se mantuvo erguido y firme, manifestando un talante de valentía inusitado en la clase política.

El caso de Cataluña resulto singular. A Josep Tarradellas, en el exilio, le invito a retornar a España y mantuvo con el muy buenas relaciones, como ya había hecho con Santiago Carrillo, líder del PCE, al que legalizo. Suárez restauró por decreto la Generalitat de Cataluña en 1977, antes de que se aprobara la Constitución Española y la puso bajo la presidencia de Tarradellas antes de que se aprobaran los Estatutos de Autonomía del País Vasco y de Cataluña, en 1979.

Cataluña votó a favor del texto de la Constitución en 1978, con el sí del 90,46% de sus ciudadanos y solo el 4,97% votó en contra. A partir de entonces la autonomía de Cataluña es la que más ha crecido, con máximos de competencias y de concesiones. Suárez pactó con Jordi Pujol y Miquel Roca la inclusión en el texto constitucional del “derecho a la autonomía de las nacionalidades”, pero se mantuvo firme en la defensa de la “unidad indisoluble de España”.

Tarradellas, catalanista y nacionalista moderado, defendió la lengua y cultura catalanas, pero integradas en la unidad de España. Quiso restablecer la concordia y conciliación entre Cataluña y España. En unas declaraciones a la prensa de 23 de Octubre de 1979, manifestó que en Francia, “yo nunca quise constituir un gobierno en el exilio… porque yo no quería hacer fuera política contra mi patria, España”… “Tenemos la obligación de hacer de España un gran país”. Por esta razón los independentistas radicales le tacharon de “traidor a Cataluña y vendido a la Monarquia española”.

La Esquerda Republicana de Tarradellas no era, ciertamente, la actual ERC de Oriol Junquera y compañía, y Artur Mas es mucho menos de lo que fue el honorable Tarradellas.

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