March 29, 2020

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SEÑORÍAS SIN SEÑORÍO

 

En el Pleno del Control parlamentario al gobierno del día 17 de Mayo, la señora presidenta, Dña. Ana Pastor, hubo de avisar seriamente al sector de Podemos, que jaleaba la bronca montada por los estibadores en la tribuna de invitados, cuando eran desalojados: “¡Señorías, les llamo al orden, respeten el decoro de la Cámara!”.

 

Apelar al “decoro de sus señorías” significa reclamar el señorío que han de manifestar los representantes de la soberanía popular cuando actúan con la debida dignidad. Y si hay parlamentarios que no se comportan con la cortesía del reglamento, sino que “la arman” con expresiones incorrectas, mal educadas y airadamente procaces, o se les invita por parte de la autoridad parlamentaria a retirarlas o se les retira a ellos por no saber sujetarse a la normativa de la Cámara.

 

Pero hay una segunda lectura de los términos “señoría-señorío”. Nos planteamos si va implícito en “la señoría” “el señorío” o, de acuerdo con la ideología de género, hoy rampante, los señores y señoras que ostentan “señoría parlamentaria” la obtienen, más o menos, según el género que portan. Pues corre la especie de que se ha de distinguir entre el señorío de su señoría varón y el de la mujer, o sea, entre el de los/las, señores/as, parlamentarios/as.

 

Se opina que unos y otras ostentan igual señorío, no ya por su “clase” parlamentaria sino por mor de la diferencia indiferenciable, de inclusión, según exigencia de la ética de “ideología única”, que ha de señalar un término neutro o neutralizado: nosotros/as, ciudadanos/as, miembros/as, personas/os ustedes/as…, a ser posible feminizando el lenguaje, o sea, con la debida preferencia.

 

En tal tesitura, ¿cómo se denominará el “señorío” de sus señorías, los/as parlamentarios/as? Pues parece que “no cabe”, porque se acaba en lo mismo de lo mismo: solo en masculino. Lo que no es serio para los señores/as parlamentarios/as. Pues, siendo así: “Quíteseles…” (a lo Maduro, que no madura), en apoyo de la igualdad democrática.

 

Algo así sucede con los señores de la clase “estibadores”, que no admiten estibadoras, porque se trataría de una inclusión que daña la dignidad y la trayectoria de la clase trabajadora más clasista, mas privilegiada de Europa. Porque acabar con la exclusión de las féminas significaría acabar con un trabajo esforzado que es “cosa de hombres”. Y, los trabajadores defendidos por Podemos, su sindicato, afirman que ellos no pueden hacer concesiones, aunque lo exija Europa.

 

Pero, ¿Y si todos/as, jóvenes/as, se integraran como mujeres/os? Sería la solución: estibadores/as desexuados, de acuerdo con la ideología de género políticamente correcta, rechazando así machismos, que intentan erradicar a miembros/as desorganizados.

 

El único “macho Alfa” que ha de tolerarse es el que, en la plaza pública del Parlamento, atruena la bancada con expresiones tales como:

 

“¡Me la trae floja!, ¡me la refanfinfla!, ¡me la suda!, ¡me importa un huevo!...”, con lenguaje corrompido, procaz y desvergonzado.

¡Qué lejano está este lenguaje insultante, degradado, soez, sucio de lavadora…, del que utilizaba la antigua elocuencia parlamentaria, que usaba la ironía sutil, el recatado sarcasmo, y siempre con honestidad intelectual.

La Presienta del Parlamento, Dña. Ana Pastor, representa y luce el señorío que últimamente se está perdiendo en la Cámara de Diputados.

 

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