March 29, 2020

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TARAMBANA PUIGDEMONT

 

Dice el Diccionario de la Real Academia que tarambana es, coloquialmente, “persona alocada, de poco juicio”. Significado, que rápidamente se relaciona con una familia de sinónimos, como: insensato, fantasioso, imprudente, irresponsable… botarate, cantamañanas, lunático, tonto útil, bocazas, zascandil…

 

Así, y dentro de un contexto político-semántico, el Presidente de la Generalitat catalana, Carles Puigdemont, nos merece una consideración de tal naturaleza: ¿Acaso no ha dicho el lunes 22, en Madrid, la Villa y Corte de España, que “No hay tanto poder que impida tanta democracia”?

 

Lo ha dicho. Y porque lo ha dicho, ha merecido el reproche de los diputados del Parlamento catalán, entre ellos, Miquel Iceta, que habla de “chapuza” (en catalán nyap), para referirse a la pretendida y secreta “ley de desconexión”, o sea, de ruptura por la vía rápida con la Constitución Española (confirmada mayoritariamente por la población catalana) para proclamar una pretendida “república catalana”. Si lo hace, será en el exilio.

 

Del exilio volvió el Honorable Josep Tarradellas, en 1977, arrepentido, y dijo: “Cataluña ha de ser más grande dentro de una España más europea y universal”. … “Tenemos la obligación de hacer de España un gran país”.

 

Por esta razón, y por su fuerte crítica contra Jordi Pujol, los republicanos independentistas radicales, y los hoy secesionistas de todo tipo tachan al Honorable, que aceptó la monarquía española de “traidor a Cataluña y vendido a la Monarquía española”.

 

La “Estelada”, que hoy abarca a la ERC de Oriol Junqueras, Gabriel Rufián, Pilar Rahola, Carme Forcadell…; El Partido Demócrata Catalán o Convergencia Democrática de Cataluña, de la familia Pujol, y luego de Arturo Mas; ahora PDCAT, más soberanista aún con Pugdemont; todos ellos, a remolque de la CUP, y con su aliado natural Podemos, han construido el “Bando de la Secesión”.

 

Puigdemont, al frente de este tinglado, habiendo fracasado Mas por los escándalos de Banca Catalana, Caso Pujol, El Palau de la Música, El “Tres por ciento”…, intenta mantener un equilibrio imposible, subido al carro del “proces” de desconexión. Y para ello, se apoya retóricamente en la bravata, la treta jurídica, el engaño suasorio, la fórmula rocambolesca…, para resolver el conflicto del “Referéndum Si”, reclamado -dice- por “una inmensa mayoría de catalanes”.

 

Y, al frente de ese equipo jurídico, del que forman parte Josep Cruanyes, Mercé Barceló, Francesc Homs, Gemma Calvet…, el Presidente de la Generalitat ha puesto al contradictorio ex Vicepresidente del Tribunal Constitucional, Carles Viver, como asesor principal, que ha formado un Estudio Jurídico para el Proceso Soberanista de “golpe al Estado”, titulado Ley de Transitoriedad Jurídica, cuya oficina está dotada, con dinero de todos, de 1.037.000€ al año, y que actúa por la vía rápida para llegar a la desconexión. Se trataría de hacer una “Constitución catalana montada sobre la inconstitucionalidad”, tal y como la ha definido la portavoz del PP Esperanza García, formando parte de Afers Institucionals, y a cuyo discurso se ha añadido el portavoz de Ciudadanos, Carlos Carrizosa, que tacha a Viver de “no ser leal a sus antiguas distinciones”, cuando era miembro del Tribunal Constitucional y recibió la Gran Cruz de la Orden de Isabel la Católica.

 

Así, Puigdemont y sus asesores de la “vía rápida”, “rizan el rizo” contra el “Estado de derecho” y el “imperio de la ley”, en la idea de diseñar el mapa de estructuras de estado de una Cataluña independiente.

 

Viver y el equipo de asesores aconsejan a Puigdemont, “en la cuerda floja”, que, debido a que el Estado español (el único que constitucionalmente está facultado para plantear referéndum a la soberanía popular) presenta obstáculos políticos, insalvables democráticamente, debe actuar davídicamente, como ya lo planteó Arturo Mas, “no por fuerza sino con astucia” para vencer al Estado-Goliat, o sea: con “diálogo”, “convencimiento”, “pactismo”…, claro que, todo ello, manteniendo las condiciones y actitudes previas de desobediencia a la constitución oídos sordos a las sentencias del Tribunal Constitucional, mantenimiento de prejuicios inadmisibles como el “derecho a decidir”…; apelando a “la realidad política catalana”, pero tergiversándola.

 

Se trata de una retórica mendaz, cuyo espejismo decae cuando se señalan fenómenos de involución en Cataluña tan tozudos como: la anomalía en la aplicación de la normalización lingüística; el despropósito en la definición de la memoria histórica de una natío sin status de poder político propio; la desatención continuada a la sanidad pública; la retirada constante de la confianza empresarial, que retrae su capital; el descredito de los bonos financieros para  generar recursos autónomos; el desprestigio ante las instituciones europeas y el ridículo en el ámbito de la diplomacia internacional…

 

El único apoyo parece que le viene a Puigdemont del populismo mostrenco de Podemos, cuya “alcaldesa” le abrió brazos maternales en un Madrid venido a menos patriota, y cuyo líder le secunda como “compañero de viaje” en el esperpento del “derecho a decidir”.

 

Nunca el poderío de la demagogia alcanzó tan alto grado de memez como cuando en boca de Puigdemont dijo que el poder de la soberanía del Estado le resta democracia a una población de siete millones, que ha decidido continuar su camino constitucional dentro de la España europea, compartiendo solidariamente, riqueza, solidaridad, seguridad, destino común. 

 

No olvide Puigdemont lo que ya dijo su paisano Jaime Balmes, filósofo del sentido común, y amante de la nación española:

 

 “¡Ay de los pueblos que son gobernados por un poder que sólo piensa en la conservación propia!”.

 

 

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