March 29, 2020

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AMANCIO ORTEGA Y LA IDEOLOGÍA DE LO PÚBLICO

 

El populismo como producto político es un sistema construido con ideotipos doctrinales, entre los que destacan la conocida “ideología de género” y la menos comentada “ideología de lo público”.

 

La ideología de lo público intenta contener el interés general, el bien de todos, la “cosa pública”, en un contexto único, ideologizado, en el que “lo público” se convierte en “cosa sacra”, que no debe contaminarse con “lo privado”, que aquí no significa privacidad o intimidad, sino un ámbito pernicioso y rechazable en pugna con lo público.

Esta ideología de lo público ha sido siempre santo y seña de la izquierda. Pero cuando la social democracia se ha adaptado, y a veces confundido, con formaciones políticas de centro derecha, lo público ha virado más a la izquierda, impostándose en los radicalismos populistas.

 

Lo público: “todos y todas”, “la gente”, “el pueblo” … se hacen cosa política y entonces la res publica se convierte en publicada republica populista. Esta es la republica de Podemos, que nunca será parecida a la Primera ni a la Segunda; será siempre la enésima, pero nunca platónica, ni liberal; en todo caso, bolivariana.

 

En esta concepción política de “lo público” se rechaza, por infecta y detestable, la escuela privada o concertada, la sanidad privada o concertada, la comunicación privada…; aunque, llegado el caso, e instrumentalmente, las utilicen si, permitido el uso, beneficia a la gente, el pueblo, la clase común… Pero, doctrinariamente es necesario atacar las privatizaciones, las inversiones privadas, los colegios privados, los hospitales concertados…, porque su competitividad es nefasta para el interés público que la ideología única defiende.

 

En este terreno de actividades reprobadas están las donaciones de dinero privado que pueden llegar, colaborativa o benéficamente, de instituciones particulares o de individuos a instituciones públicas, destinadas a su desarrollo o mejora. Últimamente ha sido muy significativo el caso de las donaciones millonarias hechas por el empresario español, cuyo emporio es de proyección internacional, Amancio Ortega Gaona, a gobiernos autonómicos e instituciones públicas y privadas, con destino a la mejora de equipos de Sanidad o Educación en centros controlados por los gobiernos correspondientes.

 

La obstaculización o rechazo a la recepción y destino de esas ayudas instrumentales se ha producido por parte de colectivos de funcionarios, de Sindicatos o Asociaciones Civiles relacionados con partidos políticos dominantes en los gobiernos y administraciones de las entidades beneficiadas. Destaca la negativa suscrita por asociaciones que se auto titulan de “Defensa de la Sanidad Pública”, al frente de hospitales que practican cura o prevención del cáncer. Y su peregrino y paradójico argumento fundamenta el rechazo del dinero considerándolo corrupto en su origen socio-laboral, y afirmando que su aplicación a la compra de aparataje de alta tecnología para terapia del cáncer quizás “no cura, sino que genera más enfermedad”.

 

A esta caterva de profesionales de una medicina sectaria se ha unido el líder de Podemos, Pablo Iglesias, que llegó a escribir un tuit con la siguiente ocurrencia. “Amancio Ortega, tercero en el ranking mundial de ricos: ¿Democracia, dónde? ¿Terrorista, quién?”. Manifiesto que fue seguido por numerosos tuiteros secuaces en el mismo abyecto sentido (cito a Hermann Terstch, en ABC 9.06.17).

 

Esta actitud política, que supera la envidia y se convierte en rencor, que ve en el genio productor de riqueza un rival dominador con capacidad de romper planes y objetivos políticos montados sobre la demagogia “mágica”, está en la escenificación de la ideología de lo público, pero que deviene trampa, porque necesariamente cercena la cuerda floja de esos advenedizos a un campo de juego escurridizo para los indolentes, que además son insolentes.

 

No es bueno para un político despreciar al hombre de altura, su talento, su esfuerzo, su ambición al servicio de las riquezas de las naciones, que colaboran en la prosperidad social y en el bienestar de los individuos, en la construcción de sociedades ajustadas, en las que lo público y lo privado han de subsistir y ayudarse.

 

Esta cuestión de “La filantropía de los grandes hombres y su valoración social y política”, ha sido tema de debate en la tertulia “Amigos del Ateneo” de la Docta Casa. Esta institución milenaria ha sido siempre la nata de la intelectualidad en diálogo constructivo, lo que ha hecho célebre la ideología liberal y tolerante del Ateneo de Madrid.

 

Como resultado de la discusión habida en torno al tema, un grupo de socios ha elevado a la Junta de Gobierno la Propuesta de un homenaje a D. Amancio Ortega Gaona, hombre de empresa ejemplar de la vida española de nuestros días con proyección mundial, considerando sus méritos de trabajo social, de rendimiento económico, de innovación creativa y de cultura humanitaria, destacando sus valores éticos de esfuerzo, generosidad, altruismo y filantropía.

 

Como siempre sucede en estos casos de valoración moral también se han manifestado en torno a la propuesta manifiestos y actitudes negativas, con reclamo en las redes sociales de costumbre de watsaps y telegrams de rechazo y menosprecio. La Junta de Gobierno del Ateneo de Madrid, formada hoy por directivos capacitados y honestos, ha tomado cartas en el asunto mostrando la mejor disposición para la oportuna celebración del evento. 

 

 

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