LA FÁBULA DEL ELEFANTE Y EL TÁBANO



Entre las fábulas literarias del poeta de la Ilustración, gramático y musicólogo, D. Tomas de Iriarte, hay una que lleva por título El Elefante y los animales. En ella se señalan las buenas cualidades y estrategias del sabio animal en su ejecutoria de gobernar el cotarro de los más o menos brutos de la especie. Y así se expresa el poeta y gramático de Tenerife, del que aquí yo adapto su discurso:


Notó cómo el sabio elefante -dice el desarrollo de la fábula- observaba que los irracionales de su especie parlaban con cierta jerigonza, y que acostumbraban a incurrir en demasiados abusos, que habíanse de corregir mediante las adecuadas reformas. Y, para persuadirlos, usando arenga docta, comenzó con el estudio y memoria de los procedimientos de enmienda más eficaces que dieran el oportuno fruto para el arreglo de las mil costumbres viciosas apuntadas en el examen de aquel tropel de bestias: la nociva pereza, la afectada bambolla, la arrogante ignorancia, la envidia maliciosa…


Es proverbial la conducta prudente del personaje elefantiásico, dominador de las manadas y de los caminos rectos: su firmeza y elegancia en el andar, su parsimonia en las decisiones convenientes, la proporcionalidad de las andaduras, el avizoramiento inteligente y previsor de los peligros… Repertorio de facultades eficaces que le llevan, ordenadamente, al cumplimiento del periplo justo.


Aplicando en su discurso parlamentario la normativa de su facundo caletre, el elefante de la fábula de Iriarte, iba consiguiendo domesticar las torpezas de los irracionales más indóciles con palabras convincentes, sumándolos al interés general del bienestar de la manada. Pero encontró feroz oposición por parte de los más indomables y renuentes: el lobo rapaz, la venenosa serpiente, el tigre indómito, el astuto zorro… Y hubo de afrontar, sin remedio, los alaridos incontrolados de los más lenguaraces e insolentes: el zángano, la avispa, el tábano… Son los que siempre van “zumbando con voces roncas”.


Como el poeta no hace mención específica del tábano parlamentario, quiero yo aquí caracterizarlo, en su paralelismo paródico con la actualidad:


¿Lo veis? Trepa. Zascandilea. Malea. Malogra. Zopenquea. Zaparrastrea. Chilla. Ronca. Abronca. Asusta. Cabrea. Pesebrea…


Hay que destacar aplicando al modelo parlamentario la figura maléfica del tábano, el contraejemplo de ciertas actitudes y estrategias rechazables de aquellos individuos que: no sudan, pero “se la sudan”; no trabajan, pero trapichean; el resultado de cualquier acuerdo, “se la refanfinfla”; y “les importa un huevo” la tarea de buscar el beneficio del interés general, ya que lo que persiguen histriónicamente es la escenificación de la farsa. El Elefante sonreirá con IRIARTE, porque, según éste: “La sonrisa es el idioma universal de los inteligentes”.


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© 2017 por Javier García Suárez.