March 29, 2020

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EL CATALANISMO POLÍTICO

 

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Cada grupo social o político-partido, plataforma, secta…- suele operar mediante una estrategia que le resulta eficaz. El nacionalismo catalán radical tiene la suya, tradicional y exclusiva, que tiene como objetivo “conseguir la pela o la prepotencia, cueste lo que cueste”. Lo malo es que  con esa estratagema, practicada con intenciones “simbólicas”, los secesionistas han arruinado a Cataluña y han robado a los españoles. Pero ellos siguen gritando: ¡España nos roba!

 

El invento no es de ahora, sino de siempre a través de la historia. Lo practicaron, entre la Edad Media y el Barroco los ya sabidos, y descritos por Cervantes, “bandoleros nacionales” de Cataluña; lo hicieron después los arribistas catalanes “afrancesados” de la Guerra de la Independencia (1809-1814); en el segundo tercio del S. XIX y durante el trienio constitucional (1820-1823) y las guerrillas carlistas (1833-1840) resurgieron como “los trabucaires”.

 

Literariamente, se hizo celebre el bandolerismo reseñado por Cervantes en La Galatea y El Quijote: “…caminando por el reino de Cataluña… una cantidad de bandoleros, los cuales tenían por señor y cabeza a un valeroso caballero catalán” (gran figura ejemplar, Roque Guitart). En esa época (ss. XVI-XVII) el mayor problema social de Cataluña no resultaba de la presión de clases (como en la Edad Media: bandoleros humildes, surgidos de la gente pobre, del “común”), sino que fue fruto del enfrentamiento entre nobles, campesinos hacendados y alto clero, que dirimían sus disputas en pendencias tribales para el control social, y lo hacían mediante la organización de bandos armados.

 

Adquirida la condición de héroe “político”, consagrada por la tradición popular, el “trabucaire” se hizo un elemento festivo, que sigue participando en cortejos, procesiones, homenajes, pasacalles…, que hace gracia a la gente, la cual se abstiene de apreciar su taimada intención criminosa.

 

Así, el bandolerismo ha estado consagrado en la sociedad catalana, y los políticos del último siglo se han puesto bajo su bendición para justificar las tropelías sectarias que cometen: arribismo, oportunismo, la estafa pública del “tres por ciento”…, pero buscan la indulgencia del pueblo, justificándose: “España nos roba”, “el Estado ladrón”, “La Hacienda Estatal esquilmadora”…

 

Argumentario que avaló el comportamiento de los “afrancesados”: “parrots” y “caragirats”, como aquel legendario “traginer” de la Fraga, llamado Josep Pujol, antecedente de los actuales del mismo apellido, con los mismos escrúpulos para el aprovechamiento. Aquel, llegó a ser aupado por “el francés”, al que odiaba a capitán de los “miquelets”, la policía de seguridad y recaudación de impuestos, cargo que lo convirtió en bandolero sanguinario, que le llevó al patíbulo.

 

Arribismo, que también practicaron con el amparo de José Bonaparte, “Rey de España”, los prebostes de la burguesía catalana afrancesada: togados eximios, hechos jueces y magistrados, como Tomás Puig, Ramón Casanova, Juan Medinabeytia, Antonio Ferrater, Melchor de Guardia…, colaboracionistas del invasor, dados al trapicheo, la conspiración, la extorsión, el tráfico de influencias, la corrupción… Modos de hacer política de un cierto “catalanismo”, al que también representaron figuras del alto clero, como Félix Amat de Palot, Abad y Obispo de Osma, y Juan Agapito Ramírez de Arellano, navarro de origen, nombrado Obispo de Girona. Estos magnates de la Iglesia estaban, como los obispos nacionalistas de hoy, al frente de comunidades eclesiales aburguesadas, comandadas por abadías y monasterios, de parecido talante al que refiere Gómez Arteche y Moro, historiador de la Guerra de la Independencia: “Los conventos, compuestos de teólogos, casi todos ignorantes y maquinadores, parecen no sólo el centro de las reuniones, si también la escuela de predicación y de enseñanza revolucionaria” (Madrid, 1868, vol. VII, pp. 523-26).

 

Son ejemplos de catalanismo perverso muy distinto del que practicó Jaime Balmes, de Vich, el filósofo del sentido común, amante de la Unidad monárquica de España. El novelista y diputado canario Benito Pérez Galdós, autor de los Episodios Nacionales, entre ellos, Gerona, buen conocedor de Cataluña y de Barcelona, que afrontó el grave problema de los “afrancesados”, lo peor del catalanismo político, aconsejaba a su amigo, el novelista Narcís Oller, “curarse de la manía del catalanismo”.

 

Ese es el catalanismo ideológico y protervo, que últimamente ha generado el nacional secesionismo, que hoy tiene a sus dirigentes encarcelados, fugados o a punto de ser detenidos, y que nos recuerdan por su condición de rufianes y trabucaires a aquellos arribistas bandoleros de pasados siglos que fundaron el nacionalismo separatista.

 

No se trata de “presos políticos” sino que son políticos presos, o con intenciones para delinquir y ser apresados; porque quieren seguir en la conducta torpe del catalanismo mórbido, el que está fundado en patas de conspiración, traición, aprovechamiento, extorsión, corrupción…, con los que quieren construir “estructuras de estado”, cuya res pública apunta, no ya “simbólica” sino prácticamente, a la destrucción y ruina de España y de Europa.

 

Esto no es un juicio de intenciones: los golpistas que han sido excarcelados y los que, como Junqueras y ex Consejeros, quieren ser liberados por el Tribunal Supremo de su prisión condicional, lo hacen con riesgo, manifestado, de “reiteración delictiva”, en propuestas pre-electorales para el 21D.

La Justicia del Reino de España debe tenerlo en cuenta.

 

*José Luis Suárez Rodríguez es Analista Político. Asesor. Director de www.masespaña.es

 

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