LA TORRA DE BABEL




En el día y hora anunciados, llegó Quim al Teatro Nacional de Cataluña, y allí montó su Torra de Babel, o sea, la confusión. La puesta en escena de “Nuestro momento” contaba con un enorme lazo amarillo, “chis-torra” calentita. El color del miedo invadía el ambiente. Quim se atrevía, pero no podía. Verbalizaba a medias, después de haber proclamado, insultado, amenazado, desobedecido, desacatado.


Como se esperaba, su discurso fue elusivo e ilusivo, caguetón y coquetón, con pausas, pero con prisas.


“No hemos renunciado a nada…”. “O libertad, o libertad”… Se dirigía “en ese momento”, a las masas independentistas allí invitadas, buscando la movilización, la agitación, la provocación; llamando al desafío, a la ruptura y a la secesión.


Miró a un lado oscuro de la sala, donde suponía que estaban situados los presuntos representantes de la mitad de los catalanes, españolistas. No quiso recordar que les había llamado, desde el odio supremacista: “bestias carroñeras, víboras, hienas con tara en el ADN… . “El fascismo de los españoles que ocupan Cataluña es infinitamente patético y repulsivo”… “Fuera de aquí de una vez, dejadnos vivir en paz…”. “Los españoles y franceses comparten la misma concepción aniquiladora de naciones que malviven en sus estados”… Quiso, “en aquel momento”, congraciarse con un sector afín a su causa: “Unidos-Podemos”, y les arengó: “Los ciudadanos de España…, que desean sumarse con nosotros en una marcha por los derechos civiles y sociales y el derecho de autodeterminación de los pueblos…”, invitándoles a sumarse a su referéndum.


Pero rechazó el “referéndum de autogobierno” que, inoportunamente, le ofrece Sánchez, y se aferra al referéndum, imposible, de autodeterminación: “Solo un referéndum de autodeterminación, acordado, vinculante y reconocido internacionalmente puede renovar ese mandato”. Con “ese mandato” se estaba refiriendo al ilegal del 1-0. O sea, un “cambio de estampitas” para renovar o acreditar la falsía. He aquí el no va más de la confusión babeliana de Torra.


Y se equivocó, una vez más, atacando a la Monarquía del Estado español cuando, dijo, desbarrando, que: “ampara la violencia contra sus ciudadanos”. Porque el Rey de España (dígase, también, Cataluña) es el representante de la soberanía del estado, al que Torra debe obediencia. Y no, según afirma el títere-vicario de Puigdemont: “Obedezco al pueblo soberano de Cataluña”. Porque uno y otro presidentes representan, por mandato del Rey, aunque insuficientemente en su Parlament, la voluntad popular, de modo temporal y políticamente revisable.


El confuso y difuso Quim se ha trastabillado penalmente cuando afirma, y repite: “no aceptaré ninguna sentencia judicial que no sea absolutoria”. Piensa, el muy memo, que hay sentencias a la carta, y está intentando rubricar la carta absolutoria que interesa fanáticamente a su causa independentista.


Este es el camino que le lleva a quedarse en Waterloo: “Estoy dispuesto a llegar tan lejos como llegó el presidente Puigdemont”. Objetivo que no es su fin justo, sino la cárcel de los políticos presos.


Quim, no se confunda, que le costará caro.

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*José Luis Suárez Rodríguez es Director de www.masespaña.es Es autor de Filosofía y Humor y Lúdica. Asesor. Analista Político.


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