Torralimaña, INABILÍTESELE




Torra se desenvuelve, astuta y groseramente, con pulso simbólico, entre el desacato y la cobardía. Su apuesta amenazante, haciendo frente a la firmeza de la Junta Electoral Central, le ha abocado al vaciamiento de lazos amarillentos y esteladas malcolocadas en las fachadas de los edificios públicos de la Generalitat, tragándose, con retortijones, la promesa independentista: “El 1-O lo cumpliremos hasta las últimas consecuencias, cueste lo que cueste”.


Pero esas consecuencias no han tardado en llegar, por vía de la resolución penal de la Junta, que ha abierto procedimiento contra el perifollero, imputándole delito de desobediencia grave.


El bicho amarillo, alimaña de terreno resbaladizo, tras recibir el último apercibimiento de manos de los Mossos, se ha bajado la careta, se le ha visto la carota con fiebre de fanatismo extremo, y ha reculado cediendo como un pelele que ensucia sus nalgas de caganer.


El paso siguiente ha de ser, necesariamente, la sanción económica y la inhabilitación administrativa para el desempeño de cargo público, en aplicación del articulo 410 del Código Penal.


El presidente “suplente” del huido Carles Puigdemont, pierde su planta política por desplante jurídico, con desacato a la justicia democrática, y ha de irse con viento fresco al limbo independentista de Waterloo.


Limpia ya de pancartas separatistas la fachada del Palau de la Generalitat, el fachendoso Gim aún busca artimaña de alimaña, y ahora intenta sustituir la invectiva de los “presos políticos” por la soflama de la “libertad de expresión”, apelando al artículo 19 de la Declaración Universal de Derechos Humanos, sin enterarse el gilipollas que aun los derechos humanos particulares tienen límite. En este caso, ningún particular (individuo o grupo político) puede patrimonializar el derecho de libre opinión, socavando el más universal o general del que corresponde al colectivo social: la fachada de la Generalitat o de cualquier edificio público pertenece “a todos” los catalanes, y su uso partidista es indebido o canallesco.


Ninguna opción política ostenta legalmente derecho a usar una fachada institucional como predio propagandístico de su partido, por mucha mayoría parlamentaria que tenga. La mayoría social de los catalanes españoles, no separatistas, silenciosos y silenciados, están más que aburridos de soportar el esperpento morrocotudo de trágalas políticos en las fachadas públicas: “Derecho a decidir”. “Presos a la calle”. “Libertad de opinión”. “República Catalana” …


El insensato Torra aterra con su verborrea amarillista, con lazada independentista. Vergüenza moral le falta al muy truhán, y hay que ponerle rojo, con bofetadas de seny, tal como las propinaba el españolista de Vich, Jaime Balmes, cuando decía:

  • “¡Ay de los pueblos gobernados por un poder que sólo piensa en la conservación propia!”.


  • “En todos los partidos hay elementos que pueden servir: quien rechace imprudentemente esos elementos, perpetuará a los partidos; quien los aproveche con cordura, acabará por disolver los partidos, confundiéndolos con un sistema nacional”.


  • “Hasta los sentimientos buenos, si se exaltan en demasía, son capaces de conducirnos a errores”.


  • “Ciertos hombres tienen el talento de ver mucho en todo. Pero tienen la desgracia de ver todo lo que no hay, y nada de lo que hay”.


  • “Es falso, pues, que en España haya fuerzas excéntricas, lo que hay es… unos cuantos hombres que toman en diferentes sentidos el nombre del pueblo, y que se mancomunan para derribar a los gobernantes, siempre que éstos no se acomodan a todos sus intereses o caprichos”.


*José Luis Suárez Rodríguez es Director de www.masespaña.es Doctor en Pedagogía y Filosofía. Autor de “Filosofía y Humor”. Politólogo. Analista Político.

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